a un perro rabioso callejero. Denís Davýdov, con su instinto ruso, fue el primero en reconocer el valor de esta terrible maza que, sin importarle las reglas de la ciencia militar, destruía a los franceses, y a él le pertenece el mérito de dar el primer paso para regularizar este método de combate.
El 24 de agosto se formó el primer destacamento de partisanos de Davýdov y luego se reconocieron otros. Cuanto más avanzada la campaña, más numerosos se volvían estos destacamentos.
Los irregulares destruyeron el gran ejército pedazo a pedazo. Recogían las hojas caídas que se desprendían por sí solas de aquel árbol marchito —el ejército francés— y a veces sacudían el árbol mismo. Para octubre, cuando los franceses huían hacia Smolensk, había cientos de estas partidas, de diversos tamaños y naturalezas. Había algunas que adoptaban todos los métodos militares y contaban con infantería, artillería, estados mayores y las comodidades de la vida. Otras consistían únicamente en caballería cosaca. También había pequeños grupos improvisados de infantería y caballería, así como grupos de campesinos y terratenientes que permanecieron en el anonimato. Un sacristán comandaba un grupo que capturó a varios cientos de prisioneros en el curso de un mes; y estaba Vasílisa, la esposa de un anciano de la aldea, que mató a cientos de franceses.
La guerra de guerrillas estalló con mayor furor en los últimos días de octubre. Su primer período había pasado: aquel en que los propios guerrilleros, asombrados de su propia audacia, temían a cada minuto ser cercados y capturados por los franceses, y se ocultaban en los bosques sin desensillar, atreviéndose apenas a desmontar y esperando siempre ser perseguidos. A finales de octubre, este