provisiones en Moscú y las había pisoteado en vez de guardarlas, y al llegar a Smolensk había saqueado las vituallas en vez de almacenarlas—, cómo podía ese ejército recuperarse en la provincia de Kaluga, habitada por rusos como los que vivían en Moscú, y donde el fuego tenía la misma propiedad de consumir lo que se incendiaba?
Ese ejército no pudo recuperarse en ninguna parte. Desde la batalla de Borodinó y el saqueo de Moscú, llevaba en su interior, por decirlo así, los elementos químicos de la disolución.
Los miembros de lo que alguna vez había sido un ejército—el propio Napoleón y todos sus soldados—huyeron sin saber adónde, preocupados cada uno únicamente por escapar lo más rápido posible de aquella situación, de cuya desesperanza todos tenían una conciencia más o menos vaga.
Y así sucedió que en el consejo de Málo-Yaroslávets, cuando los generales, fingiendo deliberar juntos,