que cuando empezaron a enterrar a los muertos —allí donde fue la batalla, ya saben—, bueno, esos muertos llevaban casi un mes tirados allí, y dice el campesino: «Yacen tan blancos como el papel, limpios, y no huelen ni tanto así como una bocanada de humo de pólvora».
—¿Fue por el frío? —preguntó alguien.
“¡Eres un tipo listo! ¡Del frío, en efecto! ¡Qué va, si hacía calor! Si hubiera sido por el frío, los nuestros tampoco se habrían podrido.
«Pero —dice—, id a ver los nuestros y están todos podridos y llenos de gusanos. Así que —dice— nos tapamos la cara con pañuelos y apartamos la cabeza al arrastrarlos: apenas podemos hacerlo. En cambio, los de ellos —dice— están blancos como el papel y no huelen más que a un soplo de pólvora»”.
Todos guardaban silencio.
—Debe de ser por la comida