que ya lo habían mandado a buscar.
“—¡Oh, pero usted estuvo allí! —dijo el príncipe Bagration, dirigiéndose al príncipe Andréi.”
—Desde luego, por poco nos cruzamos —dijo el oficial de estado mayor, con una sonrisa dirigida a Bolkónski.
—No tuve el placer de verle —dijo el príncipe Andréy, con frialdad y brusquedad.
Todos guardaban silencio. Túshin apareció en el umbral y avanzó tímidamente por detrás de las espaldas de los generales.
Al pasar junto a los generales en la atestada choza, sintiéndose avergonzado, como siempre le ocurría ante la presencia de sus superiores, no advirtió el asta de la bandera y tropezó con ella. Varios de los presentes se echaron a reír.
—¿Cómo es que se abandonó un cañón? —preguntó Bagratión, frunciendo el ceño, no tanto al capitán como a los que se reían,