hagas lo que te pido.”
—Sí, excelencia —respondió Gerásim—. ¿Desea comer algo?
—No, pero quiero otra cosa. Quiero ropa de campesino y una pistola —dijo Pierre, ruborizándose inesperadamente.
—Sí, excelencia —dijo Gerásim tras pensarlo un momento.
Todo el resto de aquel día Pierre lo pasó a solas en el estudio de su benefactor, y Guerásim lo oyó pasearse inquietamente de un rincón a otro y hablar solo. Y pasó la noche en una cama preparada para él allí.
Gerásim, que como criado había visto en su tiempo muchas cosas extrañas, aceptó sin sorpresa que Pierre se instalara en la casa y pareció alegrarse de tener a alguien a quien servir. Esa misma noche —sin siquiera preguntarse para qué los querían—, consiguió un abrigo y una gorra de cochero para Pierre, y le prometió conseguirle la pistola al día siguiente. Makár