el éter en las inmediaciones de los polos de un imán, denominadas el campo magnético del imán.
Hace muchos años (en 1831), el gran Michael Faraday descubrió que, si se movía un bucle de alambre hacia arriba y hacia abajo entre los polos de un electroimán (Fig. 66), se inducía una corriente en el bucle, cuya dirección dependía de aquella en la que se moviera dicho bucle.
La energía necesaria para cortar las líneas de fuerza pasaba de algún modo misterioso al alambre. No podemos explicar por qué es así, pero, aprovechando este hecho, los electricistas han desarrollado gradualmente las enormes máquinas que hoy hacen rodar vehículos a toda velocidad sobre vías metálicas, iluminan nuestras calles y casas, y suministran energía a innumerables fábricas.
La intensidad de la corriente inducida en un circuito que corta las