con más frecuencia que otros. Si sopláramos contra el filo de un cuchillo o un trozo de madera, no oiríamos más que un siseo. Pero cuando, como en el caso que estamos considerando, hay una columna de aire parcialmente encerrada cerca de los pulsos, esta selecciona aquellos pulsos que corresponden a su período natural de vibración y los amplifica hasta convertirlos en un sonido musical sostenido y muy audible.
En la Fig. 136, 1 es un tubo, cerrado por el fondo y abierto por la parte superior. Se hace sonar un diapasón de la misma nota que el tubo y se sostiene sobre este de modo que las puntas vibren hacia arriba y hacia abajo. Al comienzo de un movimiento hacia afuera de las puntas, el aire frente a ellas se comprime. Este impulso, transmitido al aire del