Aquellos judíos que estén de acuerdo con nuestra idea de un Estado se adhirirán a la Sociedad, la cual quedará así autorizada para conferenciar y tratar con los Gobiernos en nombre de nuestro pueblo. La Sociedad será reconocida de este modo en sus relaciones con los Gobiernos como un poder creador de Estados. Este reconocimiento creará prácticamente el Estado.
Si las Potencias se declaran dispuestas a admitir nuestra soberanía sobre un trozo neutral de tierra, entonces la Sociedad entrará en negociaciones para la posesión de esta tierra.
Aquí se consideran dos territorios: Palestina y la Argentina. En ambos países se han hecho importantes experimentos de colonización, aunque basados en el principio equivocado de una infiltración gradual de judíos.
Una infiltración está destinada a terminar mal. Continúa hasta el momento inevitable en que la población nativa se siente amenazada y obliga al Gobierno a detener una mayor afluencia de judíos. En consecuencia, la inmigración es inútil a menos que tengamos el derecho soberano de continuar con dicha inmigración.
La Sociedad de los Judíos tratará con los actuales amos de la tierra, poniéndose bajo el protectorado de las Potencias europeas, si estas se muestran favorables al plan.
Podríamos ofrecer a los actuales poseedores de la tierra enormes ventajas, asumir parte de la deuda pública, construir nuevas carreteras para el tráfico, que nuestra presencia en el país haría necesarias, y hacer muchas otras cosas.
La creación de nuestro Estado sería beneficiosa para los países vecinos, porque el cultivo de una franja de tierra aumenta el valor de sus distritos circundantes de innumerables maneras.