Esta corporación se llamará «La Sociedad de los Judíos». Además de ella habrá una compañía judía, un organismo económicamente productivo.
Un individuo que intentara tan siquiera acometer esta enorme tarea en solitario sería un farsante o un loco.
El carácter personal de los miembros de la corporación garantizará su integridad, y el capital adecuado de la Compañía probará su estabilidad.
Estas observaciones preliminares pretenden ser meramente una respuesta apresurada a la masa de objeciones que las propias palabras «Estado judío» seguramente van a suscitar.
En adelante procederemos con más calma para salir al paso de otras objeciones y explicar en detalle lo que hasta ahora apenas se ha insinuado; y procuraremos, en interés de este opúsculo, evitar que resulte una exposición tediosa. Capítulos breves y aforísticos responderán, por tanto, mejor al propósito.
Si deseo sustituir un edificio viejo por uno nuevo, debo demoler antes de construir. Seguiré, por tanto, esta