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Nuestra transmigración

Nuestra actual filantropía privada y desorganizada hace poco bien en proporción al gran gasto que conlleva. Pero estas instituciones pueden y deben formar parte de un sistema mediante el cual terminarán por complementarse mutuamente.

En una nueva sociedad, estas organizaciones pueden surgir de nuestra conciencia moderna y basarse en todos los experimentos sociales anteriores.

Este asunto es de gran importancia para nosotros, debido a nuestro gran número de mendigos. Los caracteres más débiles entre nosotros, desanimados por la presión externa, mimados por la caridad bondadosa de nuestros ricos, decaen fácilmente hasta que recurren a la mendicidad.

La Sociedad, apoyada por los grupos locales, prestará la máxima atención a la educación popular con respecto a este particular. Creará un terreno fértil para muchas facultades que ahora se marchitan inútilmente. Todo aquel que muestre un deseo genuino de trabajar será empleado de manera adecuada. No se tolerará a los mendigos. Quien se niegue a hacer nada como hombre libre será enviado a la casa de labor.

Por otra parte, no relegaremos a los ancianos a un asilo de beneficencia. Un asilo de beneficencia es una de las obras de caridad más crueles que nuestra estúpida buena naturaleza jamás haya inventado. Allí nuestros ancianos mueren de pura vergüenza y mortificación. Allí ya están enterrados.

Pero dejaremos incluso a los que se encuentran en el grado más bajo de inteligencia la ilusoria y consoladora idea de su utilidad en el mundo. Proporcionaremos tareas fáciles a aquellos que sean incapaces de realizar trabajos físicos; pues debemos tener en cuenta la disminuida vitalidad de los pobres en una generación que ya está debilitada.

Pero con las generaciones futuras se procederá de otro modo; serán criadas en libertad para una vida de libertad.

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