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Theodor Herzl

Poco tiempo después, Herzl tuvo el siguiente sueño:

"El Rey Mesías vino, un anciano glorioso y majestuoso, me tomó en sus brazos y se fue volando conmigo en las alas del viento. En una de las nubes iridiscentes nos encontramos con la figura de Moisés. Los rasgos eran los que me eran familiares desde mi infancia en la estatua de Miguel Ángel. El Mesías le llamó a Moisés: Es por este niño por quien he rezado. Pero a mí me dijo: Ve, declara a los judíos que vendré pronto y realizaré grandes maravillas y grandes hechos para mi pueblo y para todo el mundo."

Puede ser a este período (el de su Bar Mitzvah) de sensibilidad judía despertada de nuevo, de mayor receptividad ante las expectativas de sus mayores, de resurgido interés en los estudios históricos judíos; puede ser a este período al que pertenecía el sueño de una vida dedicada.

Es casi seguro, también, que para el gran acontecimiento del Bar Mitzvá el viejo abuelo de Zemun vino a Pest. Por esta época, además, Alkalai, aquel temprano y casi olvidado sionista, pasó por Viena y Budapest en su viaje definitivo a Palestina.

Tuviera o no cada una de estas circunstancias un efecto directo sobre el muchacho, todo este conjunto rodea su Bar Mitzvah con la sugestión de la misión de su vida y, ciertamente, se le dio ocasión para el despertar en él del sentimiento de consagración a una gran empresa.

La atención, la energía y el tiempo que Herzl dedicó a la literatura a los quince años, su absorción en sí mismo, su actividad en la sociedad literaria de la escuela significaron, por supuesto, mucho menos concedido a su trabajo escolar.

No encontró tiempo en absoluto para la ciencia; las cuestiones judías también desaparecieron de sus intereses; estaba completamente absorto por la cultura literaria alemana.

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