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nydus/The Jewish StatePublic
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Theodor Herzl

semejante crimen... Los judíos, que durante tanto tiempo han estado condenados a un estado de deshonra cívica, han desarrollado como resultado un hambre de honor casi patológica, y un oficial judío es, a este respecto, específicamente

"El caso Dreyfus", escribió en 1899, "encarna algo más que un error judicial; encarna el deseo de la gran mayoría de los franceses de condenar a un judío, y de condenar a todos los judíos en este único judío. ¡Muerte a los judíos!, aullaba la chusma, mientras las condecoraciones eran arrancadas de la casaca del capitán... ¿Dónde? En Francia. En la Francia republicana, moderna, civilizada, cien años después de la Declaración de los Derechos del Hombre. El pueblo francés, o al menos la mayor parte del pueblo francés, no quiere hacer extensivos los derechos del hombre a los judíos. El edicto de la gran Revolución ha sido revocado".

Iluminada así en retrospectiva, la «curiosa emoción» que se apoderó de Herzl en aquella ocasión cobra un significado especial.

"Hasta ese momento, la mayoría de nosotros creía que había que esperar pacientemente a que la solución de la cuestión judía llegara como parte del desarrollo general de la humanidad. Pero cuando un pueblo que en cualquier otro aspecto es tan progresista y tan sumamente civilizado puede dar semejante giro, ¿qué podemos esperar de otros pueblos que ni siquiera han alcanzado el nivel que Francia alcanzó hace cien años?"

En aquel fatídico momento, al escuchar los aullidos de la turba a las puertas de la Ecole Militaire, a Herzl le sobrevino la fulgurante constatación de que el antisemitismo estaba arraigado en el corazón del pueblo;

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