Y si al final del día descubren que todo su duro trabajo solo ha producido 1 florín, 50 kreutzers, o 3 francos, o algo similar, aun así esperarán con ilusión el día siguiente, que tal vez les traiga mejor suerte.
Les hemos dado esperanza.
¿Preguntaría alguien de dónde viene la demanda que crea el mercado? ¿Es realmente necesario decírselo otra vez?
Señalé que, mediante el sistema de «Assistance par le Travail», el rendimiento podía multiplicarse por quince. Un millón produciría quince millones; y mil millones, quince mil millones.
Esto puede ser así a pequeña escala; ¿lo es a gran escala?
El capital ciertamente produce un rendimiento que disminuye en proporción inversa a su propio crecimiento. El capital inactivo e inerte produce este rendimiento decreciente, pero el capital activo reporta un rendimiento maravillosamente creciente. He ahí la cuestión social.
¿Estoy afirmando un hecho? Invoco a los judíos más ricos como testigos de mi veracidad. ¿Por qué dirigen tantas industrias diferentes? ¿Por qué envían a hombres a trabajar bajo tierra y a extraer carbón en medio de peligros terribles por una paga escasa? No puedo imaginar que esto sea agradable, ni siquiera para los dueños de las minas. Pues no creo que los capitalistas sean desalmados, y no pretendo fingir que lo creo. Mi deseo no es agudizar las diferencias, sino suavizarlas.
¿Es necesario ilustrar el fenómeno de las multitudes y su concentración en un lugar determinado mediante referencias a peregrinaciones piadosas?
No quiero herir la sensibilidad religiosa de nadie con palabras que puedan ser malinterpretadas.