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Theodor Herzl

"Solo puedo suponer que una esperanza especialmente querida para mí se ha desvanecido y que no alcanzaremos nuestro objetivo sionista bajo un protectorado alemán."

Por entonces, Herzl conoció a Philip Michael Von Nevlinski, descendiente de una larga estirpe de nobles polacos que había ingresado en el servicio diplomático y se había convertido en agente diplomático plenipotenciario y periodista francés.

En las primeras etapas, Nevlinski guio a Herzl en todo el trabajo que hizo en Constantinopla. Cuando Herzl llegó a Constantinopla en junio de 1896, tenía la impresión de que Nevlinski ya había arreglado una audiencia con el Sultán. No era tan fácil, sin embargo.

Pero se hubiera dispuesto o no tal audiencia, Herzl pudo reunirse con varios altos funcionarios turcos, incluido el Gran Visir. Al principio, la línea de acción no estaba clara, pero a estas alturas Herzl ya había formulado sus propuestas al Sultán.

Desde mediados del siglo XIX, las finanzas turcas se encontraban en un estado deplorable. El Imperio estaba mal administrado. El Sultán era considerado «el enfermo de Europa».

En 1891 la deuda externa total, incluyendo los intereses no pagados, alcanzó la cifra de doscientos cincuenta y tres millones de libras esterlinas. En 1881 se produjo una consolidación de la deuda. Esta se redujo a ciento seis millones de libras, pero las finanzas de Turquía fueron colocadas bajo el control de un comité que representaba a los acreedores, a quienes se les transfirieron ciertos monopolios domésticos turcos y la recaudación de varias categorías de impuestos.

Esto permitió a las potencias europeas intervenir en los asuntos de Turquía. Solo mediante la eliminación de esta tutela extranjera podía Turquía esperar recuperar su independencia. Para lograr este fin, pensaba

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