Solo partirán aquellos que estén seguros de mejorar así su posición; los que ahora están desesperados irán primero, después los pobres; luego los prósperos y, el último de todos, el rico.
Los que vayan por delante ascenderán a un grado superior, igual al de aquellos cuyos representantes les seguirán en breve. Así, el éxodo será al mismo tiempo un ascenso de la clase.
La salida de los judíos no entrañará ninguna perturbación económica, ninguna crisis, ninguna persecución; de hecho, los países que abandonen renacerán a un nuevo período de prosperidad.
- Habrá una migración interna de ciudadanos cristianos hacia los puestos evacuados por los judíos.
- La corriente de salida será gradual, sin ninguna perturbación, y su movimiento inicial pondrá fin al antisemitismo.
- Los judíos se marcharán como amigos honrados y, si algunos de ellos regresan, recibirán la misma acogida y el mismo trato favorables por parte de las naciones civilizadas que se conceden a todos los visitantes extranjeros.
Su éxodo no tendrá ningún parecido con una huida, pues será un movimiento bien regulado bajo el control de la opinión pública.
El movimiento no solo se inaugurará con absoluta conformidad con la ley, sino que ni siquiera podrá llevarse a cabo sin la cooperación amistosa de los Gobiernos interesados, los cuales obtendrían considerables beneficios de él.
La seguridad para la integridad de la idea y el vigor de su ejecución se encontrará en la creación de un cuerpo colegiado, o corporación.