De este modo, una serie de pequeños comerciantes se convertirá en pequeños terratenientes. De hecho, la Compañía estará dispuesta a asumir lo que parece ser una pérdida al hacerse cargo de la propiedad intransferible de los emigrantes más pobres; pues con ello inducirá al cultivo libre de extensiones de tierra, lo cual eleva el valor de las extensiones adyacentes.
En las empresas medianas, donde las mercancías y la organización igualan, o incluso superan, en importancia a la actividad personal del gerente, cuya mayor vinculación tampoco es transferible, son posibles diversas formas de liquidación.
He aquí una oportunidad para esa migración interior de los ciudadanos cristianos hacia las posiciones evacuadas por los judíos. El judío que parte no perderá su crédito comercial personal, sino que se lo llevará consigo y le sacará buen provecho en un nuevo país para establecerse. La Compañía Judía le abrirá una cuenta bancaria corriente.
Y puede vender el fondo de comercio de su negocio original, o entregarlo al control de administradores bajo la supervisión de los funcionarios de la Compañía. Los administradores pueden alquilar el negocio o comprarlo, pagándolo en cuotas. Pero la Compañía actúa temporalmente como curadora de los emigrantes, supervisando, a través de sus funcionarios y abogados, la administración de sus asuntos, y velando por la correcta recaudación de todos los pagos.
Si un judío no puede vender su negocio, o encomendarlo a un apoderado, o desea renunciar a su gestión personal, puede quedarse donde está. A los judíos que se queden no les irá peor, pues se verán libres de la competencia de aquellos que se marchen y ya no escucharán el grito antisemita: «¡No compres a los judíos!».
Si el empresario emigrante desea continuar con su antiguo negocio en el nuevo país, puede hacer los preparativos para ello desde el mismo comienzo. Un ejemplo ilustrará mejor lo que quiero decir.