cuenta de la verdad —que ahora nos parece obvia— de que los viajeros no producen los ferrocarriles, sino que, a la inversa, los ferrocarriles producen viajeros, dando por supuesta, por supuesto, la demanda latente.
La imposibilidad de comprender cómo deben crearse el comercio y la industria en un nuevo país que aún falta por adquirir y cultivar puede clasificarse junto con aquellas dudas de las personas «prácticas» acerca de la necesidad de los ferrocarriles. Una persona «práctica» se expresaría más o menos de este modo:
"Dado que la situación actual de los judíos es en muchos lugares insoportable y se agrava día a día; dado que existe el deseo de emigrar; dado incluso que los judíos emigren al nuevo país; ¿cómo se ganarán la vida allí y qué se ganarán? ¿De qué van a vivir una vez allí? El negocio de mucha gente no puede organizarse artificialmente en un día".