ángeles. > En sí mismo, nada; en Dios, todo. Ese es su lema. Sabe muy bien que el mundo nunca lo verá como Dios lo ve y ha dejado de importarle. Está perfectamente contento con permitir que Dios establezca Sus propios valores. Será paciente y esperará el día en que cada cosa reciba su propia etiqueta de precio y el valor real ocupe su lugar legítimo. * Entonces los justos resplandecerán en el Reino de su Padre. Está dispuesto a
Mientras tanto, él habrá alcanzado un lugar de reposo para el alma.
A medida que avanza en mansedumbre, estará feliz de dejar que Dios lo defienda. La vieja lucha por defenderse ha terminado. Ha encontrado la paz que trae la mansedumbre.
Entonces también obtendrá la liberación de la carga de la pretensión. Con esto no me refiero a la hipocresía, sino al común deseo humano de dar nuestra mejor impresión y ocultar al mundo nuestra verdadera pobreza interior. Pues el pecado nos ha jugado muchas malas pasadas, y una de ellas ha sido infundirnos un falso sentido de la vergüenza. Apenas hay un hombre o una mujer que se atreva a ser exactamente lo que es sin maquillar la impresión que causa. El miedo a ser descubierto roe como roedores en sus corazones. El hombre culto vive atormentado por el temor de que algún día se encuentre con un hombre más culto que él. El hombre erudito teme toparse con alguien más erudito que él. El hombre rico suda de miedo ante la idea de que su ropa, su auto o su casa queden algún día en evidencia por parecer baratos en comparación con los de otro rico. La llamada «sociedad» se rige por una motivación que no es más elevada que esta, y las clases más pobres, a su nivel, no son mucho mejores.