Codal
nydus/The Pursuit of GodPublic
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Levantando el velo

El mundo perece por falta de conocimiento de Dios y la Iglesia se muere de hambre por falta de Su Presencia.

El remedio instantáneo para la mayoría de nuestros males religiosos sería entrar en la Presencia en experiencia espiritual, cobrar repentina conciencia de que estamos en Dios y de que Dios está en nosotros.

Esto nos sacaría de nuestra penosa estrechez y haría que nuestros corazones se ensancharan. Esto quemaría las impurezas de nuestras vidas tal como los bichos y hongos fueron consumidos por el fuego que habitaba en la zarza.

Qué ancho mundo para deambular, qué mar en el que nadar es este Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo. Él es eterno, lo cual significa que es anterior al tiempo y totalmente independiente de él. El tiempo comenzó en Él y terminará en Él. No le rinde tributo ni sufre cambio alguno por su causa. Él es inmutable, lo cual significa que nunca ha cambiado y jamás podrá cambiar en la más mínima medida. Para cambiar tendría que ir de mejor a peor o de peor a mejor. No puede hacer ninguna de las dos cosas, porque al ser perfecto no puede volverse más perfecto, y si llegara a ser menos perfecto, sería menos que Dios. Él es omnisciente, lo cual significa que conoce en un solo acto libre y sin esfuerzo toda la materia, todo espíritu, todas las relaciones, todos los acontecimientos. No tiene pasado ni futuro. Él es, y ninguno de los términos limitantes y calificativos usados para las criaturas puede aplicársele. El amor, la misericordia y la justicia son suyos, y su santidad es tan inefable que ninguna comparación o figura servirá para expresarla. Solo el fuego puede dar una idea, aunque sea remota, de ella. En el fuego se apareció en la zarza ardiente; en la columna de fuego habitó durante todo el largo viaje por el desierto. El fuego que resplandecía entre las alas de los querubines en el lugar santo fue llamado la shekinah, la Presencia, durante los años de la gloria de Israel, y cuando lo Viejo dio paso a lo Nuevo, Él vino en Pentecostés como una llama de fuego y reposó sobre cada discípulo.

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