Oh Dios y Padre, me arrepiento de mi pecaminosa preocupación por las cosas visibles. El mundo ha estado demasiado presente en mí. Tú has estado aquí y yo no lo sabía. He estado ciego a tu Presencia. Abre mis ojos para que pueda contemplarte en mí y a mi alrededor. Por amor de Cristo, Amén.
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V. La presencia universal
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