de ojos (por decirlo así) se desarrollará en nuestro interior, permitiéndonos mirar a Dios mientras nuestros ojos exteriores ven las escenas de
Alguien puede temer que estemos magnificando la religión privada fuera de toda proporción, que el «nosotros» del Nuevo Testamento esté siendo desplazado por un «yo» egoísta.
¿Se les ha ocurrido alguna vez que cien pianos, todos afinados con el mismo diapasón, están automáticamente afinados entre sí? Estan de acuerdo al estar afinados, no entre sí, sino a otra norma a la que cada uno debe inclinarse individualmente.
Así, cien adoradores reunidos, cada uno con la mirada puesta en Cristo, están en su corazón más cerca unos de otros de lo que posiblemente podrían estar si cobraran conciencia de «unidad» y desviaran sus ojos de Dios para esforzarse por lograr una comunión más estrecha.
La religión social se perfecciona cuando la religión privada se purifica. El cuerpo se vuelve más fuerte a medida que sus miembros se vuelven más sanos. Toda la Iglesia de Dios gana cuando los miembros que la componen empiezan a buscar una vida mejor y más alta.
Todo lo anterior presupone un verdadero arrepentimiento y una entrega total de la vida a Dios. Apenas es necesario mencionar esto, pues solo las personas que han hecho tal entrega habrán leído hasta aquí.
Cuando el hábito de mirar constantemente a Dios se fija en nuestro interior, seremos introducidos en un nuevo nivel de vida espiritual más acorde con las promesas de Dios y el espíritu del Nuevo Testamento. El Dios Trino será nuestra morada aun cuando nuestros pies transiten el camino llano del simple deber aquí entre los hombres. Habremos encontrado, en verdad, el summum bonum de la vida.