sea un acto de adoración. Por eso oro con las palabras de Tu gran siervo de antaño: > «Te suplico que limpies de tal manera la intención de mi corazón con el don inefable de Tu gracia, que pueda amarte perfectamente y alabarte dignamente». Y todo esto confío firmemente en que me lo concederás por los méritos de Jesucristo, Tu Hijo.
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El sacramento de la vida
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