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nydus/The Pursuit of GodPublic
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La bienaventuranza de no poseer nada

Isaac sano y salvo a su lado. Lo tenía todo, pero no poseía nada. Ahí reside el secreto espiritual. Ahí está la dulce teología del corazón que solo puede aprenderse en la escuela de la renunciación. Los libros de teología sistemática pasan por alto esto, pero los sabios lo comprenderán.

Después de aquella amarga y bendita experiencia, creo que las palabras «mío» y «mis» nunca volvieron a tener el mismo significado para Abraham.

El sentido de posesión que conllevan se había esfumado de su corazón. Las cosas habían sido arrojadas para siempre. Ahora se habian vuelto externas al hombre. Su interior estaba libre de ellas.

El mundo decía: «Abraham es rico», pero el anciano patriarca solo sonreía. No podía explicárselo a los demás, pero sabía que no poseía nada, que sus verdaderos tesoros eran internos y eternos.

No puede caber duda de que este apego posesivo a las cosas es uno de los hábitos más dañinos en la vida.

Debido a que es tan natural, rara vez se le reconoce como el mal que es; pero sus consecuencias son trágicas.

A menudo nos vemos obstaculizados para entregar nuestros tesoros al Señor por miedo a su seguridad; esto es especialmente verdad cuando esos tesoros son parientes y amigos amados.

Pero no necesitamos tener tales temores. Nuestro Señor no vino a destruir sino a salvar. Todo está seguro cuando se lo encomendamos a Él, y nada es verdaderamente seguro si no se le encomienda así.

Nuestros dones y talentos también deben ser puestos en Sus manos. Deben ser reconocidos por lo que son, un préstamo de Dios para nosotros, y nunca deben considerarse en ningún sentido como propios.

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