Pero debemos evitar el error común de empujar el «otro mundo» hacia el futuro. No es futuro, sino presente. Es paralelo a nuestro mundo físico familiar, y las puertas entre ambos mundos están abiertas. > «Habéis venido», dice el escritor a los Hebreos (y el tiempo verbal es claramente presente), «al monte de Sion, a la ciudad del Dios vivo, Jerusalén la celestial, a la compañía de muchos millares de ángeles, a la congregación de los primogénitos que están inscritos en los cielos, a Dios el Juez de todos, a los espíritus de los justos hechos perfectos, a Jesús el Mediador del nuevo pacto, y a la sangre rociada que habla mejor que la de Abel». Todas estas cosas se contrastan con «el monte que se podía palpar» y «el sonido de la trompeta y la voz de palabras» que se podía oír. ¿No podemos concluir con seguridad que, así como las realidades del monte Sinaí fueron apresadas por los sentidos, las realidades del monte Sion han de ser captadas por el alma? Y esto no mediante ningún truco de la imaginación, sino
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IV. Aprehender a Dios
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