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nydus/The Pursuit of GodPublic
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IV. Aprehender a Dios

  • entre lo real y lo imaginario, * entre lo espiritual y lo material, * entre lo temporal y lo eterno; pero entre lo espiritual y lo real, jamás. Lo

Si hemos de ascender a esa región de luz y poder que claramente nos llama a través de las Escrituras de la verdad, debemos romper el mal hábito de ignorar lo espiritual. Debemos trasladar nuestro interés de lo visto a lo no visto.

Porque la gran Realidad no vista es Dios. «Es necesario que el que se acerca a Dios crea que él existe, y que galardona a los que le buscan».

Esto es fundamental en la vida de fe. A partir de ahí podemos ascender a alturas ilimitadas.

«Creéis en Dios —dijo nuestro Señor Jesucristo—, creed también en mí». Sin lo primero no puede haber lo segundo.

Si de verdad queremos seguir a Dios, debemos procurar ser de otro mundo. Esto lo digo sabiendo muy bien que esa palabra ha sido utilizada con desprecio por los hijos de este mundo y aplicada al cristiano como un distintivo de reproche.

Que así sea. Cada hombre debe elegir su mundo.

Si nosotros, que seguimos a Cristo, con todos los hechos a la vista y sabiendo lo que hacemos, elegimos deliberadamente el Reino de Dios como nuestra esfera de interés, no veo razón alguna para que nadie deba objetarlo. Si perdemos con ello, la pérdida es nuestra; si ganamos, no robamos a nadie al hacerlo.

El «otro mundo», que es objeto del desdén de este y tema de la canción burlona del borracho, es nuestra meta cuidadosamente elegida y el objeto de nuestro anhelo más sagrado.

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