Oh Dios, aviva a la vida todo poder dentro de mí, para que pueda aferrarme a las cosas eternas. Abre mis ojos para que vea; dame una percepción espiritual aguda; permíteme gustarte y saber que eres bueno. Haz que el cielo sea para mí más real de lo que cualquier cosa terrenal ha sido jamás. Amén.
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IV. Aprehender a Dios
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