sino preservarlo todo para la vida eterna. Y posiblemente también se nos dé aquí una pista sobre la única manera eficaz de destruir a este enemigo: es mediante la Cruz. «Tome su cruz y
El camino hacia un conocimiento más profundo de Dios transcurre por los solitarios valles de la pobreza del alma y la abnegación de todas las cosas. Los bienaventurados que poseen el Reino son aquellos que han repudiado toda cosa externa y han arrancado de sus corazones todo sentido de posesión. Estos son los «pobres en espíritu». Han alcanzado un estado interior paralelo a las circunstancias externas del mendigo común en las calles de Jerusalén; eso es lo que la palabra «pobre», tal como la usó Cristo, significa en realidad. Estos pobres bienaventurados ya no son esclavos de la tiranía de las cosas. Han roto el yugo del opresor, y lo han logrado no luchando, sino entregándose. Aunque libres de todo sentido de posesión, sin embargo, lo poseen todo. «De ellos es el reino de los cielos».
Permítanme exhortarles a tomar esto en serio.
No ha de entenderse como una mera enseñanza bíblica para ser almacenada en la mente junto con una masa inerte de otras doctrinas.
- Es un hito en el camino hacia pastos más verdes, un sendero esculpido en las empinadas laderas del monte de Dios.
No nos atrevemos a intentar pasarlo por alto si hemos de seguir adelante en esta santa búsqueda. Debemos ascender un paso a la vez. Si rechazamos un paso, ponemos fin a nuestro progreso.
Como suele suceder con frecuencia, este principio neotestamentario de la vida espiritual encuentra su mejor ilustración en el Antiguo Testamento.