en absoluta actualidad. El alma tiene ojos con los cuales ver y oídos con los cuales oír. Podrán estar debilitados por el largo desuso, pero lo están por el toque vivificante de Cristo, vivo ahora y capaz de la visión más aguda y del oído más
A medida que empezamos a centrar nuestra atención en Dios, las cosas del espíritu tomarán forma ante nuestros ojos interiores. La obediencia a la palabra de Cristo traerá una revelación interior de la Divinidad (Juan 14:21–23). Nos dará una percepción aguda que nos permitirá ver a Dios tal como se promete a los de limpio corazón. Una nueva conciencia de Dios se apoderará de nosotros y comenzaremos a gustar, a oír y a sentir interiormente al Dios que es nuestra vida y nuestro todo. Se verá el brillo constante de la luz que alumbra a todo hombre que viene al mundo. Cada vez más, a medida que nuestras facultades se vuelvan más agudas y seguras, Dios se convertirá para nosotros en el gran Todo, y Su Presencia, en la gloria y la maravilla de nuestras vidas.