Él lo llama «mi yugo», y Él camina en un extremo mientras nosotros caminamos en el otro.
Señor, hazme como un niño.
Líbrame del impulso de competir con otros por un lugar, prestigio o posición.
Quisiera ser sencillo y sin doblez como un niño pequeño.
Líbrame de la pose y la pretensión.
Perdóname por pensar en mí mismo.
Ayúdame a olvidarme de mí y a hallar mi verdadera paz en contemplarte.
Para que puedas responder a esta oración, me humillo ante ti.
Coloca sobre mí tu yugo fácil de autoolvido, para que a través de él pueda hallar descanso.
Amén.