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nydus/The Pursuit of GodPublic
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IV. Aprehender a Dios

Pero sabe también que el Absoluto ha hecho este mundo para el uso del hombre y que, aunque no hay nada fijo o real en el sentido último de las palabras (el sentido aplicado a Dios), para todos los propósitos de la vida humana se nos permite actuar como si lo hubiera. Y todo hombre actúa así, excepto el enfermo mental. Estos desafortunados también tienen problemas con la realidad, pero son coherentes; insisten en vivir de acuerdo con sus ideas de las cosas. Son honestos, y es precisamente su honestidad lo que los constituye en un problema social.

Los idealistas y relativistas no están enfermos mentales. Demuestran su sensatez al vivir sus vidas de acuerdo con las mismas nociones de realidad que en teoría rechazan y al contar con esos mismos puntos fijos que demuestran que no existen.

Podrían ganarse mucho más respeto por sus nociones si estuvieran dispuestos a vivir según ellas; pero de esto se cuidan muy bien. Sus ideas llegan hasta el cerebro, no hasta la vida. Dondequiera que la vida los toca, repudian sus teorías y viven como los demás hombres.

El cristiano es demasiado sincero como para jugar con las ideas por el mero hecho de hacerlo. No halla placer en el simple hilado de telas de araña para su exhibición. Todas sus creencias son prácticas. Están conectadas a su vida. Por ellas vive o muere, se sostiene o cae en este mundo y por toda la eternidad. Del hombre insincero se aparta.

El hombre sencillo y sincero sabe que el mundo es real. Lo halla aquí cuando despierta a la consciencia, y sabe que no lo trajo a la existencia con sus pensamientos. Estaba aquí esperándolo cuando llegó, y sabe que, cuando se prepare para abandonar este escenario terrenal, seguirá estando aquí para despedirle en su partida.

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