No hay un solo lugar en la máquina más complicada donde esta comience a producir. La máquina puede mostrar el mayor ingenio en su invención y la perfección de la destreza en su construcción, y la inteligencia necesaria para su funcionamiento puede reducirse al mínimo, pero en ninguna parte y en ningún momento puede producir por sí misma.
Cuando un criminal es presentado ante el tribunal para la lectura de cargos, la responsabilidad recae siempre sobre la persona, sobre la energía inteligente. No importa con qué herramientas se haya cometido el robo u otro acto criminal. El hombre que manejó las herramientas es considerado responsable de los resultados.
Sus herramientas pueden mostrar el mayor ingenio y la más alta habilidad en su fabricación, pero no comparten su culpa. Él es la causa eficiente y responsable. Si no fuera así, la justicia podría verse tan pervertida que la preservación del orden y la seguridad de la sociedad serían imposibles.
Cada herramienta es a su vez producida, y su creador debe ser recompensado o pagado una vez, pero ahí termina el derecho sobre la herramienta. El obrero que construye la máquina no puede exigir un pago una y otra vez. El hábil mecánico que produjo este par de lentes debe recibir su pago, pero no tiene derecho a un segundo pago. Para asegurarse el reembolso debe fabricar otro par.