No podrá pedir prestado más de lo que su necesidad requiere. La deuda no aumentará durante el período de incapacidad, y será más fácil de pagar sin aumentos. El usurero exige algo más que honestidad para la seguridad de su préstamo. El préstamo es para él una semilla preciosa, que debe plantarse donde pueda crecer. Que le devuelvan el préstamo sin incremento no satisface su pretensión. Perdonar el incremento, facilitarle el pago al deudor pobre, lo consideraría como una pérdida neta para sí mismo y un regalo a su víctima. El usurero prefiere a los deudores ricos, que disponen de abundantes bienes para garantizar el préstamo y su incremento.
Existe una clase despreciada de prestamistas de empeño que se aprovechan de los pobres. Se les considera ladrones de los pobres en sus angustias, pero su negocio sería imposible si no fuera porque todas las vías de socorro están cerradas por la usura; "el interés debe pagarse en todas partes; ¿por qué no pedirles prestado a ellos aunque las tasas sean altas?". La calidad moral del acto es la misma; la diferencia radica enteramente en el grado de bajeza.