más energía para su conservación, y queda menos para la producción activa. El tiempo no relaja su obra de ruina, y la energía de resistencia debe ser constante. La tendencia a la descomposición es tal que pronto la energía requerida para preservar lo ya ganado no deja ninguna para producir, y las acumulaciones deben cesar.
Hasta este punto había llegado el rico necio de la parábola. Tenía abundancia acumulada y el problema era preservarla, hasta que pudiera consumirla.
"Esto haré: derribaré mi graneros, y edificaré mayores; y allí guardaré todos mis frutos y mis bienes. Y diré a mi alma: Alma, muchos bienes tienes guardados para muchos años; repósate, come, bebe, regocíjate."
El usurero entrega sus bienes a otro para que construya los graneros y se los guarde, mientras él se libra de tal preocupación; y, aún más, le exige a su víctima no solo que los conserve, resistiendo todo deterioro, sino que además le pague por el privilegio.