Para romper el poder de este ídolo, se debe mostrar la verdadera naturaleza de la propiedad.
No es inmortal, sino perecedera. No puede preservarse a sí misma, sino que debe ser cuidadosamente preservada por el propio esfuerzo del hombre. No puede protegerlo a él, sino que él debe protegerla a ella. No es más que una cosa que el hombre mismo ha hecho. Debe demostrarse que es absurda, como la ridiculizó Isaías: "Adoran la obra de sus manos, lo que han hecho sus propios dedos".
Otras formas de idolatría externa y burda quedan al descubierto ante la luz creciente de estos años progresivos, pero esta rancia y vieja forma ha cobrado nueva vida y ahora recibe el culto de la raza. El mundo entero corre a la desbandada tras este ídolo. Se alza en las plazas de mercado, no es un extraño en los tribunales de justicia y goza de gran favor en los salones legislativos. Solón es relegado y Creso es electo.
Se le da un lugar alto en el templo de Dios. El piadoso Lázaro es ignorado, pero el rico es ascendido.
¿Qué acuerdo hay entre el templo de Dios y los ídolos?
Hasta que este ídolo sea expulsado, la iglesia languidecerá y deberá languidecer.
La vida espiritual será baja y el fervor, imposible.