Por lo general, en el prestatario hay un sentimiento de alegría y euforia al ver que la confianza en él es tan grande, y su crédito es tan alto, que se le puede confiar un préstamo.
Al contraer una deuda, parece prometerse la apertura de oportunidades que habían sido negadas y un campo posible para el ejercicio exitoso de sus energías reprimidas.
También el fin al que se destina el préstamo en el presente parece de lo más atractivo y lucrativo, y el ánimo alegre y esperanzado no abriga ninguna duda de que el préstamo podrá devolverse con facilidad y prontitud.
Las tentaciones de la deuda no acuden a los viciosos, a los ociosos ni a los inútiles, sino a los más dignos, laboriosos, talentosos, confiables y emprendedores, a aquellos que serán los más productivos en sus campos de esfuerzo. Su misma aproximación resulta halagadora y, por lo tanto, muy difícil de resistir.
Un joven brillante, inteligente y noble, con altas aspiraciones y propósitos dignos, anhela recibir educación, pero las oportunidades parecen negársele; sin embargo, tiene a su disposición un fondo a bajo interés.
Un joven alegre y enérgico, de hábitos laboriosos y económicos, desea dedicarse a los negocios; su juventud, su carácter y su energía atraen el préstamo a sus pies.
El joven con un anhelo sincero de vida doméstica y de hogar, con una reputación irreprochable y una energía y frugalidad encomiables, recibe la imposición de un hogar, que habrá de pagar en cómodos plazos. Puede llenarlo de muebles «a plazos». Si tiene inclinaciones intelectuales, puede llenar su biblioteca con los libros que desea «a plazos». Si tiene debilidad por la música, puede llenar