clima, por un cambio en su dieta o en su cama, y estas pueden señalarse como las causas de sus frecuentes recaídas, siendo causas inmediatas o secundarias, pero la verdadera causa es la enfermedad crónica y arraigada. Curen esa enfermedad y los cambios en las condiciones, ahora tan graves, no serían notados por el hombre sano.
La causa real y constante de nuestros recurrentes desastres financieros es esta usura centralizadora que se opone directamente a la distribución de riqueza que es natural, cuando a los productores de riqueza se les permite recibirla y disfrutar de ella.
Arrancad de raíz este mal, y entonces las diferencias insignificantes en nuestras cosechas, los cambios en nuestras leyes arancelarias, la legislación monetaria y la veintena de otras cosas que ahora nos afectan, pasarían desapercibidas para el sano cuerpo político.
Si este poder centralizador es destruido, la distribución natural no se vería alterada, y estos pánicos, llamados así, serían desconocidos.