Las batallas de reforma libradas y ganadas son la garantía de que la victoria también premiará a aquellos que luchan contra este pecado de la usura.
Hay también otros buenos motivos para la confianza.
- Buscan únicamente un retorno —una reforma—: «una restauración a un estado anterior»; no buscan el establecimiento de alguna teoría nueva y no probada, sino que buscan un retorno a la fe y la conducta de los justos desde el principio y a lo largo de diecisiete siglos de la era cristiana. La raza humana está solo temporalmente desviada hacia la adoración del becerro de oro.
- Se acerca un gran ejército de jóvenes inteligentes y virtuosos. Son formados en la inteligencia por nuestras escuelas secundarias, seminarios y colegios universitarios. Se les convierte en estudiosos de la Biblia y se les estimula en la rectitud mediante las escuelas dominicales, asociaciones cristianas, sociedades de esfuerzo, ligas y uniones. De entre ellos surgirán defensores de la verdad, libres del peso de las deudas y sin los prejuicios de una asociación de por vida con condiciones familiares para los mayores.
Los reformadores en todas las épocas han sido jóvenes, y esta reforma no será una excepción. Hay una temeridad en la juventud que necesita dirección, pero también hay un ímpetu, una esperanza y una confianza que son necesarios para romper con las viejas costumbres. Una generación de jóvenes inteligentes y virtuosos podría asestarle a este mal su golpe mortal.
La usura no puede prosperar entre los viciosos y los poco confiables. Otros males pueden prosperar entre los ociosos, los indolentes, los traicioneros, los engañosos y los deshonestos, pero la laboriosidad y la economía y la integridad y la fidelidad y el honor y aun la piedad temerosa de Dios son cualidades deseables en las víctimas del usurero.