se podía aliviar a los pobres no sea que eso redujera los ingresos de los ociosos".—Ruskin.
Aquella familia es feliz y próspera en la cual cada miembro contribuye personalmente con su porción para su sustento y bienestar. Esa condición ofrece la más alta medida de alivio para todos.
Es desafortunado si hubiese un holgazán en el hogar que, a modo de parásito, se alimenta de la industria de los demás; es una doble desgracia si ese holgazán resulta ser un derrochador que malgasta las ahorrativas cosechas de los diligentes.
Los mismos principios económicos hacen necesario para el mayor bien de cada individuo en la comunidad que cada uno contribuya con su parte personal.
"Si alguno no quiere trabajar, tampoco coma."
Si alguno insiste en comer y sin embargo no quiere trabajar, impone una carga agobiante a los demás al obligarlos a abastecer su mesa.
De nuevo: La limitación de la producción es una dureza para los pobres. Su bienestar requiere el mayor producto posible en cada línea de las necesidades humanas. La sobreproducción es un término comercial y significa únicamente que la oferta ha llegado a ser tan grande que no puede venderse a precios satisfactorios para el comercio. Pero a medida que los precios caen, el mercado se amplía. El consumo aumenta con la creciente abundancia, y aquello que ciertas clases no podían disfrutar ahora entra a su alcance y puede llegar a ser posible incluso para los más pobres. Jamás puede haber un exceso de oferta de frutas, verduras, granos, carnes, zapatos, ropa, sal, aceite, combustible y casas hasta que las necesidades de los más pobres estén satisfechas. Su bienestar requiere que no haya restricción alguna de la oferta hasta que salgan de sus chozas y entren en casas; hasta que puedan desprenderse de sus harapos y vestirse