sido expulsados por el calor. El coque en sí arde si se coloca en el fuego, pero sin nada del humo que emana del carbón.
Nuestro gas casero produce una llama humeante e insatisfactoria, debido a la presencia de ciertas impurezas: amoníaco, alquitrán, sulfuro de hidrógeno y bisulfuro de carbono.
Una fábrica de gas debe estar equipada con los medios necesarios para deshacerse de estos molestos componentes.
Pasando a la Fig. 195, que muestra de forma muy esquemática las características principales de una planta de gas, observamos en el extremo derecho las retortas, que corresponden a nuestro recipiente.
Estas son por lo general largos tubos de ladrillo refractario con sección en D, con el lado plano en la parte inferior. Debajo de cada una hay un horno, cuyas llamas inciden en el fondo, los lados y el extremo interior de la retorta. El extremo exterior, que sobresale más allá del soporte de mampostería, tiene una puerta de hierro hermética para llenar la retorta, e inmediatamente detrás de esta se eleva un tubo de salida de hierro, A, para los gases.
El alquitrán, que se vaporiza a altas temperaturas, pero que se licua con el calor atmosférico ordinario, debe eliminarse primero. Esto se efectúa haciendo pasar el gas a través del colector hidráulico, un recipiente tubular medio lleno de agua que recorre toda la longitud de las retortas. El extremo del tubo A se sumerge bajo la superficie del agua, lo cual condensa la mayor parte del alquitrán y del vapor.
El gas parcialmente purificado pasa ahora por la tubería B hacia los condensadores, una serie de tubos en U invertida que se apoyan sobre una