que el proceso sigue siendo siempre hacia atrás, siempre hacia atrás hacia algo más atenuado, más inofensivo, más astuto, más cómodo, más mediocre, más indiferente, más chino, más cristiano; el hombre, no hay duda de ello, se vuelve siempre «mejor»—el destino de Europa radica justamente en esto—: en que, al perder el miedo al hombre, hemos perdido también la esperanza en el hombre, sí, la voluntad de ser hombre. La visión del hombre hoy fatiga.—¿Qué es el nihilismo actual si no es eso?—Estamos cansados del hombre.
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