campanadas, tal como he explicado, todos los doce palpitantes latidos del reloj de nuestra experiencia, de nuestra vida, de nuestro ser —¡ay!— y nos equivocamos al contar en el empeño. Por necesidad seguimos siendo extraños para nosotros mismos, no nos entendemos, en nosotros mismos estamos condenados a equivocarnos, pues para nosotros rige por toda la eternidad el lema: «Cada uno es el más lejano de sí mismo» —en lo que a nosotros concierne no somos «conocedores».
Table of Contents
Prefacio
9