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nydus/The Strange Case of Dr. Jekyll and Mr. HydePublic
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Historia de la puerta

—¿Y nunca preguntó por el... lugar de la puerta? —dijo el señor Utterson.

“No, señor: tenía yo mis escrúpulos”, fue la respuesta.

“Tengo una opinión muy firme sobre hacer preguntas; se parece demasiado al estilo del día del juicio final. Uno lanza una pregunta, y es como soltar una piedra. Uno se sienta tranquilamente en la cima de una colina; y la piedra se echa a rodar, poniendo otras en marcha; y de repente a algún amable vejete (el último en el que uno habría pensado) le dan en la cabeza en su propio jardín trasero y la familia tiene que cambiarse el apellido. No, señor, yo me he impuesto una regla: cuanto más pinta de callejón sin salida tiene el asunto, menos pregunto”.

—Una regla muy buena también —dijo el abogado.

—Pero yo mismo he estudiado el lugar —continuó el señor Enfield—. Apenas parece una casa. No hay otra puerta, y nadie entra ni sale de esa salvo, de Pascuas a Ramos, el caballero de mi aventura.

Hay tres ventanas que dan al patio en el primer piso; ninguna abajo; las ventanas están siempre cerradas, pero limpias. Y luego hay una chimenea que por lo general echa humo; así que alguien debe de vivir ahí. Y aun así no es tan seguro; pues los edificios están tan apiñados alrededor de ese patio, que cuesta decir dónde termina uno y dónde empieza otro.

La pareja volvió a caminar en silencio durante un rato; y entonces «Enfield», dijo el señor Utterson, «esa es una buena regla la tuya».

—Sí, me parece que sí —replicó Enfield.

—Pero a pesar de todo eso —continuó el abogado—, hay un punto sobre el que quiero preguntar: quiero preguntar el nombre de ese hombre que pasó por encima de la niña.

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