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nydus/The Strange Case of Dr. Jekyll and Mr. HydePublic
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Search for Mr. Hyde

A la vuelta de aquella callejuela había una plaza de casas antiguas y hermosas que, en su mayor parte, habían perdido ya su antiguo esplendor y estaban alquiladas por pisos y habitaciones a toda clase y condición de hombres: grabadores de mapas, arquitectos, abogados de dudosa reputación y agentes de negocios oscuros.

Una casa, sin embargo, la segunda desde la esquina, seguía ocupada por completo; y ante su puerta, que exhalaba un gran aire de riqueza y confort, aunque ahora se hallaba sumida en la oscuridad a excepción de la claraboya, el señor Utterson se detuvo y llamó.

Un criado anciano y bien vestido abrió la puerta.

—¿Está el doctor Jekyll en casa, Poole? —preguntó el abogado.

—Ya veré, señor Utterson —dijo Poole, mientras hacía pasar al visitante a un amplio y bajo recibidor, de techos bajos y acogedor como pocos, pavimentado con losas de piedra, templado (al estilo de las casas de campo) por un brillante fuego abierto y amueblado con costosos bargueños de roble.

—¿Gustara esperar aquí junto al fuego, señor? ¿O prefiero que le encienda la luz en el comedor?

—Toma, gracias —dijo el abogado, y se acercó y se apoyó en el alto guardafuegos. Este vestíbulo, en el que ahora se había quedado a solas, era una debilidad muy querida por su amigo el doctor; y el propio Utterson solía hablar de él como de la habitación más agradable de Londres. Pero esa noche sentía un escalofrío en la sangre; el rostro de Hyde pesaba sobre su memoria; experimentaba (lo cual era raro en él) náuseas y hastío de la vida; y en la penumbra de su ánimo, le pareció leer una amenaza en el parpadeo de la luz del fuego sobre los gabinetes pulidos y en el sobresalto inquieto de la sombra en el techo.

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