Una vez, muy al principio de mi carrera, me había fallado por completo; desde entonces me había visto obligado en más de una ocasión a duplicar la dosis, y una vez, con un riesgo infinito de muerte, a triplicarla; y estas escasas incertidumbres habían proyectado hasta entonces la única sombra sobre mi satisfacción.
Ahora, sin embargo, y a la luz del accidente de esa mañana, me fui dando cuenta de que mientras que, al principio, la dificultad había consistido en librarme del cuerpo de Jekyll, últimamente se había trasladado de manera gradual pero resuelta al otro lado.
Todo parecía indicar, por tanto, a lo siguiente: que estaba perdiendo poco a poco el control de mi auténtico y mejor yo, y fundiéndome lentamente con mi segundo y peor yo.
Entre estos dos, sentí ahora que tenía que elegir. Mis dos naturalezas tenían la memoria en común, pero todas las demás facultades se repartían entre ellas de la forma más desigual. > Jekyll (que era compuesto), ora con las más delicadas aprehensiones, ora con un ávido deleite, proyectaba y participaba en los placeres y aventuras de Hyde; pero Hyde era indiferente hacia Jekyll, o apenas lo recordaba como el bandolero de montaña recuerda la caverna en la que se oculta de la persecución. Jekyll tenía más que el interés de un padre; Hyde tenía más que la indiferencia de un hijo. * Unir mi suerte a la de Jekyll era morir a aquellos apetitos que durante tanto tiempo había alimentado en secreto y que últimamente había empezado a mimar. * Unir mi suerte a la de Hyde era morir a mil intereses y aspiraciones, y convertirme, de un golpe y para siempre, en alguien despreciado