Pensaba en él con afecto, pero sus pensamientos eran inquietos y temerosos. Iba a visitarlo, desde luego; pero tal vez se sentía aliviado de que le negaran la entrada; tal vez, en su corazón, prefería hablar con Poole en el umbral y rodeado del aire y los sonidos de la ciudad abierta, antes que ser admitido en aquella casa de cautiverio voluntario, y sentarse a hablar con su inescrutable recluso. Poole, en verdad, no tenía noticias muy agradables que comunicar. El doctor, según parecía, se confinaba ahora más que nunca en el gabinete sobre el laboratorio, donde a veces incluso dormía; estaba desanimado, se había vuelto muy callado, no leía; parecía como si tuviera algo rondándole la cabeza. Utterson se acostumbró tanto a la monotonía de estos informes, que fue reduciendo poco a poco la frecuencia de sus visitas.
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Remarkable Incident of Dr. Lanyon
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