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nydus/The Strange Case of Dr. Jekyll and Mr. HydePublic
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La declaración completa del caso de Henry Jekyll

dolor. Sin embargo, la criatura era astuta; dominó su furia con un gran esfuerzo de voluntad; redactó sus dos importantes cartas, una para Lanyon y otra para Poole; y, para recibir prueba real de que habían sido echadas al buzón, las envió con instrucciones de que se registrasen.

Desde entonces, se sentaba todo el día junto al fuego en el reservado, royéndose las uñas; allí almorzaba, sentado a solas con sus miedos, mientras el camarero temblaba visiblemente ante su mirada; y desde allí, cuando la noche ya se había echado encima, partía en el rincón de un coche de alquiler cerrado y lo paseaban de un lado a otro por las calles de la ciudad. Él, digo —no puedo decir, yo—. Aquella criatura del Infierno no tenía nada de humana; nada vivía en él salvo el miedo y el odio. Y cuando al fin, creyendo que el cochero empezaba a sospechar, despidió el coche y se aventuró a pie, vestido con sus ropas desmedradas, un blanco señalado para la observación, en medio de los transeúntes nocturnos, estas dos pasiones viles rugían en su interior como una tempestad. Caminaba de prisa, acosado por sus temores, hablando solo, escabulléndose por las calles menos frecuentadas, contando los minutos que aún lo separaban de la medianoche. Una vez, una mujer le habló ofreciéndole, creo, una caja de cerillas. Él le dio un golpe en la cara y ella huyó.

Cuando volví en mí en casa de Lanyon, el horror de mi viejo amigo tal vez me afectó un tanto; no lo sé; aquello fue al menos apenas una gota en el océano comparado con la aversión con la que recordaba aquellas horas. Un cambio se había operado en mí. Ya no era el miedo a la horca, era el horror de ser Hyde lo que me atormentaba. Recibí la condena de Lanyon en parte como en un sueño; y en parte como en un sueño llegué a mi propia casa y me metí en la cama. Dormí tras el abatimiento del día, con un sueño profundo y tenaz que ni siquiera las pesadillas que me torturaban lograron interrumpir. Desperté por la mañana estremecido, debilitado, pero repuesto.

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