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nydus/The Divine ComedyPublic
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Canto XI

Santo Tomás de Aquino relata la vida de San Francisco.

¡Oh, insensata cura de los mortales, cuán deficientes son los silogismos que te hacen aletear en vuelo descendiente!

Uno tras leyes y otro a los aforismos iba, y uno siguiendo el sacerdocio, y otro a reinar por fuerza o sofisma, y uno en hurto, y otro en asuntos de estado, uno en los placeres de la carne envuelto se fatigaba, otro se entregaba al ocio; cuando yo, libre de todas estas cosas, ¡con Beatriz allí arriba en los cielos con tan gran gloria fui recibido!

Cuando cada uno hubo vuelto a aquel punto dentro del círculo donde estaba antes, se quedó como en un candelero una vela; y de dentro del fulgor que primero me había hablado, oí comenzar sonriendo mientras más luminoso se hacía:

«Así como en su rayo me enciendo, así, mirando en la Luz Eterna, la causa de tus pensamientos comprendo. Dudas, y quieres que vuelva a cernir en lenguaje tan amplio y tan abierto mi discurso, que a tu sentido sea llano, donde antes dije: "donde bien se engorda", y donde dije: "allí nunca nació un segundo"; y aquí es menester que distingamos bien.

La Providencia, que gobierna al mundo con consejo, en el que toda visión creada es vencida antes de llegar al fondo, (para que hacia su propio Amado pudiese ir la esposa de Aquel que, dando un fuerte grito, la esposó con su sangre consagrada, segura de sí y a Él más fiel), dos Príncipes ordenó en su provecho, que a uno y otro lado fuesen su guía.

El uno fue todo angélico en ardor; el otro por su sabiduría sobre la tierra fue un esplendor de luz querúbica. De uno hablaré, pues de ambos se habla al alabar a uno, cualquiera que se tome, porque a un mismo fin laboraron.

Entre el Tupino y el arroyo que baja del monte electo del bienaventurado Ubaldo, cuelga un fértil declive de alto monte, desde el cual Perugia siente el frío y el calor por la Porta Sole, y detrás de ella lloran Gualdo y Nocera su yugo pesado.

De aquel declive, allí donde rompe más su pendiente, nació al mundo un sol, como este hace a veces desde el Ganges; por tanto, quien hable de aquel lugar, no diga Asís, que diría poco, sino Oriente, si propiamente quiere hablar.

No estaba aún muy distante de su orto cuando comenzó a hacer que la tierra alguna comodidad sintiera de su gran virtud. Pues en su juventud incurrió en la ira del padre por cierta Dama a quien, como a la muerte, la puerta del placer nadie le abre; y ante su corte espiritual et coram patre se unió a ella; después, día a día con más fervor la amó.

Ella, despojada de su primer marido, desdeñada, obscura, mil y cien años y más, esperó sin pretendiente hasta que él llegó. De nada valió oír que con Amiclas la halló inmóvil al oír su voz aquel que infundió terror a todo el mundo; de nada valió ser constante e intrépida, tanto que, cuando María se quedó abajo, ¡subió con Cristo a la cruz!

Mas para que no proceda con demasiado misterio, a Francisco y a la Pobreza por estos dos amantes toma de aquí en adelante en mi discurso difuso. Su concordia y sus gozosos semblantes, el amor, la maravilla y el dulce mirar, hicieron que fuesen causa de santos pensamientos; tanto que el venerable Bernardo se descalzó el primero y tras tan gran paz corrió, y, corriendo, se creyó demasiado lento.

¡Oh riqueza desconocida! ¡Oh bien verdadero! ¡Se descalza Gil, y se descalza Silvestre tras el novio: ¡tanto agrada la novia! Luego emprende su marcha aquel padre y aquel maestro, él y su Dama y aquella familia que ahora se iba ciñendo el humilde cordón; ni la cobardía del corazón abatió su frente por ser hijo de Pedro Bernardone, ni por parecer maravillosamente despreciado; sino que regalmente su dura determinación a Inocencio le abrió, y de él recibió el primer sello de su Orden.

Después que el pueblo mendicante creció tras este hombre, cuya admirable vida mejor en la gloria de los cielos se cantaría, coronado con una segunda corona fue por Honorio, mediante el Espíritu Santo, el santo propósito de este archimandrita.

Y cuando hubo, por sed de martirio, en la orgullosa presencia del sultán predicho a Cristo y a los otros que vinieron tras él, y, hallando a la gente demasiado inmadura para la conversión y por no detenerse allí en vano, volvió al fruto de la hierba itálica, sobre la áspera roca entre el Tíber y el Arno de Cristo recibió el sello final, que durante dos enteros años sus miembros llevaron.

Cuando Aquel que lo eligió para tanto bien tuvo a bien elevarlo al galardón que había merecido por ser humilde, a sus frailes, como a legítimos herederos, a su carísima Dama recomendó, y mandó que la amasen fielmente; y de su seno el ilustre alma quiso partir, volviendo a su reino, y para su cuerpo no quiso otro féretro.

Piensa ahora cuál fue aquel que fue digno compañero para mantener en alta mar la barca de Pedro en su derecho rumbo. Y este fue nuestro patriarca; por lo que quien lo sigue como él manda puede ver que va cargado de buena mercancía.

Pero para nuevo pasto su rebaño se ha vuelto tan ávido, que es imposible que no se disperse por campos diversos; y en la medida en que sus ovejas remotas y vagabundas se alejan más de él, más vacías de leche vuelven al redil. Ciertamente algunas hay que temen el daño y se arriman al pastor; pero son tan pocas, que poca tela basta para sus capuchas.

Ahora, si mi palabra no es oscura, si tu propio oído ha estado atento, si traes a la memoria lo que he dicho, en parte quedarán tus deseos contentos; pues verás la planta que se poda, y la reprensión que hay en las palabras: "Donde bien se engorda, si no se desvía"».

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