San Buenaventura relata la vida de santo Domingo.
Tan pronto como la bendinta llama tomó la última palabra en su relieve, comenzó la sagrada muela a uncirse, y en su gyra no había dado una vuelta entera antes de que otra la cercara en anillo, y movimiento unió a movimiento, canto a canto; canto que tanto excede a nuestras Musas, a nuestras Sirenas, en aquellas dulcísimas trompetas, cuanto el primer esplendor al reflejado.
Y como se extienden a través de una tierna nube dos arcos paralelos y de igual color, cuando Juno da la orden a su doncella, (nacido el de fuera del de dentro, a semejanza del hablar de aquella errante a quien consumió el amor como el sol a los vapores,) y hacen que la gente aquí, por el pacto que Dios puso con Noé, presagie del mundo que no volverá a ser cubierto por un diluvio, de tal modo de aquellas sempiternas rosas los dos círculos nos rodearon, y así el de fuera al de dentro respondió.
Después que el baile y los otros grandes regocijos, tanto del canto como del flamear de luz con luz alegre y tierna, juntos, a una, de un solo acuerdo se detuvieron, (así como los ojos que, según la voluntad los mueve, necesariamente a una se cierran y se levantan,) del corazón de una de las nuevas luces salió una voz, que hacia ella al girar me hizo parecer a la aguja a la estrella.
Y comenzó: «El amor que me hace hermoso me atrae a hablar del otro guía, por quien tan bien se habla aquí del mío. Es justo, donde está uno, traer al otro, para que, como fueron unidos en su milicia, juntos asimismo resplandezca su gloria.
La milicia de Cristo, que tanto costó volver a armar, detrás del estandarte se movía lenta, dudosa y en escaso número, cuando el Emperador que reina eternamente socorrió al ejército que estaba en peligro, por pura gracia y no por su mérito; y, como se ha dicho, acudió en ayuda de su Esposa con dos campeones, a cuyas obras, cuyas palabras el pueblo disperso se congregó.
Dentro de aquella región donde el dulce céfiro se levanta para abrir las nuevas hojas con las que se ve a Europa vestirse de nuevo, no muy lejos de las olas batientes tras las cuales en su larga carrera el sol a veces se oculta a todos los hombres, está situada la afortunada Calahorra, bajo la protección del poderoso escudo en que el león está sujeta y soberano.
Allí nació el amoroso amador de la fe cristiana, el atleta consagrado, benigno con los suyos y cruel con sus enemigos; y cuando fue creado, su mente rebosaba de una energía tan viva, que en su madre la hizo profética.
Tan pronto como los esponsales se cumplieron entre él y la Fe en la santa fuente, donde se dotaron el uno al otro con mutua salud, la mujer que por él había dado el asentimiento vio en sueños el admirable fruto que saldría de él y de sus herederos; y para que fuese interpretado tal como era, un espíritu de este lugar salió a nombrarlo con el posesivo de Aquel a quien pertenecía por entero. Domingo se llamó; y de él hablo como del labrador que Cristo eligió para su huerto a fin de que lo asista.
Emisario y siervo de Cristo pareció en verdad, pues el primer amor que en él se manifestó fue el primer consejo dado por Cristo. Silencioso y despierto muchas veces fue hallado por su nodriza en el suelo, como si hubiese querido decir: "Para esto he venido".
¡Oh, padre suyo, Félix verdaderamente! ¡Oh, madre suya, verdaderamente Juana, si esto, interpretado, significa lo que se dice! No por el mundo por el que ahora la gente se afana siguiendo a Ostiense y a Tadeo, sino por su anhelo del maná verdadero, en poco tiempo se hizo un doctor tan grande, que comenzó a andar por la viña, que pronto se marchita si el viñador es infiel; y de la Sede (que antaño fue más benigna con los justos pobres, no por sí misma, sino por quien se sienta en ella y degenera), no para dispensar dos o tres por seis, no la fortuna de la primera vacante que toque, Non decimas quae sunt pauperum Dei, pidió, sino contra el mundo errante permiso para batallar por la semilla de la que estas veinticuatro plantas te rodean.
Luego, con la doctrina y la voluntad juntas, con oficio apostólico se puso en marcha, como torrente que una alta vena empuja; y contra los sarmientos heréticos su ímpetu golpeó con mayor furor allí donde la resistencia era mayor. De él brotaron después diversos arroyos, con los que se riega el jardín católico, de modo que sus plantas están más vivas.
Si tal fue una de las ruedas de la biga en que la Santa Iglesia se defendió y en el campo ganó su guerra civil, verdaderamente muy clara ha de ser para ti la excelencia de la otra, a quien Tomás fue tan cortés antes de mi llegada.
Pero la órbita que la parte más alta de su circunferencia trazaba está desierta, de modo que hay moho donde antes hubo corteza. Su familia, que había marchado en línea recta con los pies sobre sus huellas, se ha vuelto atrás de modo que ponen la punta sobre el talón. Y pronto se darán cuenta de la cosecha de esta mala labranza, cuando la cizaña se queje de que le han quitado el granero.
Aun digo que quien hoja por hoja buscara en nuestro volumen, aún hallaría alguna página donde leería: "Soy el que solía ser". No será de Casal ni de Acquasparta, de donde vienen tales a la palabra escrita que uno la esquiva y el otro la estrecha.
¡Bonaventura de Bagnoregio soy en vida, que siempre en los grandes cargos postergué los juicios siniestros! Aquí están Illuminato y Agostino, que fueron de los primeros descalzos pobres que con el cordón se hicieron amigos de Dios. Hugo de San Víctor está entre ellos aquí, y Pedro Comestor, y Pedro Hispano, que abajo resplandece en doce volúmenes; Natán profeta, y el metropolitano Crisóstomo, y Anselmo, y Donato que se dignó aplicar su mano a la primera arte; aquí está Rabano, y junto a mí aquí resplandece el abad calabrés Joaquín, dotado de espíritu profético.
Para celebrar a tan gran adalid me han movido la apasionada cortesía y los discretos discursos del fraile Tomás, y conmigo han movido a esta compañía».