Tomemos una ilustración. Han entrado a robar en su casa y usted acude al policía que estaba de servicio esa noche.
«Bueno, señora, sí vi a un tipo trepando por el muro de su jardín, pero estaba bastante lejos, así que no me puse a perseguirlo, digamos. Simplemente tomé el atajo hacia The Chequers, y a quién iba a encontrar sino a Bill Sykes, que venía a toda pastilla doblando la esquina. Así que voy y le digo: "Muchacho, te reclaman". Eso es todo lo que le digo. Y él me dice: "Iré tranquilo, agente —dice—, sin las esposas", dice».
Ahí tiene al policía aritmético. Ahora pruebe con el otro método.
«Yo vi a alguien corriendo, pero ya se había largado bien antes de que yo me arrimara al lugar. Así que me puse a echar un vistazo por el jardín. Y me fijé en las pisadas, por donde el tipo había cruzado de lado a lado sus arriates. Eran unas pisadas bien grandotas, sin duda. Y me fijé en que el pie izquierdo se hundía en el talón muchísimo más que el otro. Y me dije a mí mismo: "El tipo ha sido un fulano grandulón y abultado, y cojea del pie izquierdo". Y me pasé la mano por el muro por donde había saltado, y había hollín en él, y no quepa duda. Así que me dije a mí mismo: "A ver dónde puedo dar yo con un hombre grandote, del gremio de los deshollinadores, que cojee de un pie". Y se me encendió la bombilla de repente, y dije: "¡Es Bill Sykes!", me dije».
Ahí tiene al policía algebraico, un tipo intelectual más elevado, a mi parecer, que el otro.
La solución del pequeño Jack merece una palabra de elogio, ya que ha escrito lo que en realidad es una demostración algebraica con palabras, sin