entonces B = 2, C = 3 y D = 4. Por lo tanto, para A , B , C , D se necesitan cuatro números que guarden entre sí la proporción 1:2:3:4». Es en el «por lo tanto» donde detecto la falta de escrúpulos de esta ave. La conclusión es verdadera, pero solo se debe a que las ecuaciones son «homogéneas» ( es decir , con una «incógnita» en cada término), un hecho que sospecho firmemente que no había sido comprendido —pido perdón, apresado con garras— por ella. Si yo tendiera esta pequeña trampa: « A + 1 = B , B + 1 = C ; suponiendo que A = 1, entonces B = 2 y C = 3. Por lo tanto , para A , B , C se necesitan tres números que guarden entre sí la proporción 1:2:3», ¿no aletearías tú para caer en ella, oh Urraca, con tanta docilidad como una Paloma?
Simple Susan no tiene nada de simple para mí. Tras comprobar que las 3 edades al principio están en proporción 3:2:1, dice: «entonces, como dos tercios de su suma, sumados a una de ellas, = 21, la suma no puede exceder de 30, y en consecuencia la mayor no puede exceder de 15». Supongo que su argumento (mental) es algo así como: «dos tercios de la suma, + una edad, = 21; ∴ la suma, + 3 medios de una edad, = 31 y medio. Pero 3 medios de una edad no pueden ser menores de 1 y medio (¡aquí advierto que Simple Susan no le regalaría ni una perra chica a un recién nacido!); de ahí que la suma no pueda exceder de 30». Esto es ingenioso, pero su demostración, después de eso, es (como ella misma admite con franqueza) «torpe y rebuscada». Descubre que hay 5 conjuntos posibles de edades y descarta cuatro de ellos. Supongamos que, en vez de 5, ¡hubiera habido 5 millones de conjuntos posibles? ¿Habría tenido Simple Susan el valor de encargar el galón de tinta y la resma de papel necesarios?
La solución enviada por C. R. es, al igual que la de Simple Susan, parcialmente tentativa, por lo que no pasa de ser un acierto torpe (Clumsily Right).